Al Señor le agrada la permanente tensión del corazón humano, y se esconde para hacerse encontrar. Juega el juego del amor. Dios, a quien nunca podemos ver plena y totalmente, sin velo alguno, se nos descubre un poco, pero para que le busquemos aún más y se oculta para que sigamos buscandolo con mayor deseo: en esta dinámica consiste nuestra vida espiritual que no es, por tanto, una secuencia progresiva de luces sino más bien un avanzar entre luces y sombras, donde las sombras tienen como función aumentar la tensión hacia la luz.
Carlo Maria Martini.
lunes, 17 de noviembre de 2008
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