martes, 18 de noviembre de 2008

La presencia unitiva de Cristo y la acción iluminante del espititu como también la docilidad a la Palabra, hallan su clima y sosten en la oración. Todo grupo auténticamente cristiano llega a ser, por lo mismo, comunidad orante. Sin la apertura diaria del Espiritu a Dios no es posible la apertura a los hermanos, la Fraternidad evangélica ha de ser un descubrimiento progresivo del misterio de la comunión bajo la guía de la fe.

No hay comentarios: